No supe su nombre hasta una semana después, cuando fuimos presentadas, oficialmente, en aquella recepción aburrida que ofreció el rectorado de la universidad al inicio del curso académico... Y, para entonces, ya habíamos cruzado miles de miradas furtivas en cada encuentro fortuito que tuvimos... Miles de miradas que devoraron lascivamente, lo confieso, cada centímetro del contorno de su cuerpo...
